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Puntos críticos de la depresión mayor

En este pequeño texto se trata de sintetizar décadas de investigación científica que nos han dado ideas consistentes acerca del origen de ese conjunto de estados clínicos a los que llamamos, en síntesis, depresión mayor.

1. Se discute si la depresión mayor se debe a problemas biológicos o sociales; si sus orígenes son genéticos o ambientales. Todo lo anterior tiene algo de cierto. Hay factores genéticos, ambientales, biológicos y sociales. Pero a diferencia de lo que sucede con otros trastornos mentales como la esquizofrenia, el autismo o el trastorno bipolar, se estima que la heredabilidad de la depresión mayor no es muy alta y se ubica alrededor del 37 por ciento.1

2. Ya que la heredabilidad de la depresión mayor no es alta, los investigadores en el campo de la salud mental buscan los factores ambientales involucrados. Un enfoque útil para estudiarlos consiste en ubicar los detonadores sociales en dos clases: los problemas que representan una amenaza para la integridad física, psicológica y social del individuo (como la violencia en la comunidad o dentro del hogar), y los problemas que significan una privación de necesidades básicas (como el abandono o la negligencia).

3. La privación social prolongada, especialmente en los primeros años de vida, tiene consecuencias sobre la formación del sistema nervioso, ya que hay mecanismos de plasticidad cerebral dependientes de la estimulación externa, y en particular de los estímulos sociales. Esto se ha comprobado en estudios con modelos animales y con seres humanos.

4. La psicología popular conoce desde tiempos precientíficos la relación entre las pérdidas de seres queridos y el desarrollo de estados de tristeza muy profundos, conocidos como estados de duelo. Pero la investigación epidemiológica ha confirmado una idea intuitiva mediante décadas de observación: cuando las pérdidas de seres queridos ocurren en edades tempranas, hay un riesgo mayor de padecer depresión décadas después. En este caso hay evidencias muy fuertes en relación con la muerte de la madre, pero también con respecto a la muerte del padre y la separación de los padres.

“Algunos individuos son más vulnerables al estrés, mientras que otras personas se comportan como si fueran resistentes a la adversidad”.

5. Los neurobiólogos han investigado las consecuencias fisiológicas del estrés de separación. En ratas, por ejemplo, cuando el estrés de separación sucede en la infancia, ocurren conductas semejantes a la depresión más tarde, durante la adolescencia (por ejemplo, comportamientos de inmovilidad durante pruebas de nado forzado).2

6. La pobreza es un factor de riesgo para muchos problemas de salud física y mental, ya que tiene ramificaciones a todos los niveles. Por ejemplo, las personas en situación de pobreza están en riesgo de desarrollar trastornos cognoscitivos y emocionales, y de tener un menor volumen en algunas estructuras cerebrales como la corteza prefrontal,3 la cual se especializa en procesos mentales como la solución de problemas, mediante la anticipación de escenarios futuros.

7. Los estudios neurocientíficos también confirman que las amenazas crónicas a la integridad física y psicológica (como sucede en el caso de la violencia social) tienen efectos cerebrales bien definidos: en ratas jóvenes, puede ocurrir una reducción de la plasticidad cerebral.4 Y en el caso de los seres humanos, puede suceder una reducción en el tamaño del hipocampo (una estructura indispensable para la memoria), aunque esta reducción no se observa en la niñez, sino en la edad adulta, como si hubiera un efecto retardado o acumulativo.5 La violencia de pareja aumenta significativamente el riesgo de presentar ideas o conductas suicidas,6 y a nivel fisiológico aumenta la actividad en estructuras cerebrales como la amígdala del lóbulo temporal y la corteza dorsal del cíngulo, que se asocian con estados emocionales de ira y miedo.7

8. En el caso del abuso sexual, aumenta el riesgo de sufrir depresión y ansiedad, y también hay evidencias preliminares de que puede afectar la función de algunas estructuras cerebrales, especialmente cuando sucede en etapas críticas del desarrollo durante la infancia.

9. En el caso del maltrato infantil, los estudios epidemiológicos muestran que en el largo plazo se asocia con el desarrollo de depresión mayor, ansiedad, lesiones autoinfligidas, dependencia a drogas y problemas de salud física entre los que se cuentan la inflamación y las alteraciones metabólicas.8 A nivel cerebral, se ha observado que los niños maltratados pueden tener una reducción en el volumen de estructuras cerebrales como la amígdala y el hipocampo.9

10. La epidemiología genética muestra que algunos individuos son más vulnerables frente al estrés, mientras que otras personas se comportan como si fueran resistentes a la adversidad. Las personas con más riesgo genético de depresión necesitan, por así decirlo, una dosis menor deestrés para sufrir nuevos episodios depresivos.10

¿Qué se puede concluir tras enlistar estos diez puntos críticos? La ciencia de la depresión ha madurado lo suficiente para ayudarnos a organizar un esfuerzo colectivo y prevenir las causas sociales de la depresión. Esto se logra afrontando con responsabilidad los dos ejes problemáticos: el de las amenazas, marcado por formas diversas de violencia, y el de la privación social, marcado por el abandono y la negligencia.

Notas
1 Flint J., et al., “The genetics of major depression”, Neuron (2014).

2 Raineki C., et al., “Effects of early-life abuse differ across development: Infant social behavior deficits are followed adolescent depressive-like behaviors mediated by the amygdala”, Journal of Neuroscience (2012).

3 Holz N. E., et al., “Recent advances in understanding the neurobiology of childhood socioeconomic disadvantage”, Curr Opin Psychiatry (2015).

4 Ivy A. S., et al., “Hippocampal dysfunction and cognitive impairments provoked by chronic early-life stress invol-
ve excessive activation of CRH receptors”, Journal of Neuroscience (2010).
5 Carrion V. G., et al., “Reduced hippocampal activity in youth with posttraumatic stress symptoms: An FMRI study”, Journal of Pediatric Psychology (2010).

6 World Health Organization. The World Health Report 2001. Mental Health: New Understanding, New Hope (2001).

7 Fonzo G. A., et al., “Exaggerated and disconnected insular-amygdalar blood oxygenation level-dependent response to threat-related emotional faces in women with intimate-partner violence posttraumatic stress disorder”, Biol Psychiatry (2010).

8 Danese A., et al., “Adverse childhood experiences and adult risk factors for age-related disease: depression, inflammation, and clustering of metabolic risk markers”, Arch Pediatr Adolesc Med. (2009).

9 McLaughlin K. A., et al., “Maltreatment exposure, brain structure, and fear conditioning in children and adolescents”, Neuropsychopharmacology (2016).

10 Caspi A., et al., “Influence of life stress on depression: moderation by a polymorphism in the 5-HTT gene”, Science (2003).

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