Noticias

Jonás, un niño admirable

 

In memoriam

Angel De la O Villarreal

Cuando escuchó la historia de la ballena, Jonás quedó realmente  fascinado.

A sus casi 10 años de edad, no alcanzaba a comprender la desobediencia del profeta, ni cómo hizo para convencerla de llevarlo hasta Nínive, pero le parecía increíble poder viajar por el mundo, descubrir mares remotos y desenterrar tesoros fantásticos en misteriosas islas a bordo de ese bello animal.

Estaba convencido que el viaje en ballenas era el transporte del futuro y que cuando fuera grande, sería el orgulloso dueño de una gran empresa, que ofrecería paseos gratuitos a todo aquel que prometiera protegerlas y que no arrojara su basura al mar.

Pero secretamente, maquinaba un plan para convertirse en un superhéroe, el más joven de todos los conocidos, aunque también el más efectivo, porque dominaría el idioma de las ballenas y  obedecerían sus órdenes para salvar a los niños en peligro.

Sabía que su nombre no era coincidencia con el del personaje bíblico y se declaró resuelto a cumplir todos sus sueños.

Ansiaba que llegara el día en que su padre prometió llevarlo al mar, para iniciar un proceso muy serio de selección de ballenas, con las que empezaría sus travesías alrededor del mundo.

Para después y de acuerdo al éxito de la empresa, tenía contemplado incluir otro tipo de peces y seres acuáticos en viajes más cortos y destinos  frecuentes, conforme a las necesidades de los viajeros.

En sus planes de superhéroe, estaba muy decidido a formar un ejército invencible  integrado por tiburones, mantarrayas y calamares gigantes, que serían el terror de sus enemigos imaginarios, pero muy gentiles con el resto de la gente.

Aunque también, estaba muy consciente que todos esos sueños, tendrían que esperar un poco.

Estaba en una cama de hospital, con un tratamiento largo, doloroso e inimaginable para un niño de su edad.

Todos los días, luchaba para superar un cáncer que no pudo ser detectado a tiempo, pero ninguna enfermedad, ni las quimioterapias, podían quebrantar ese espíritu aventurero, esa inocencia y la imaginación que sólo un niño puede tener.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo,  coincidimos en que fue el más grande héroe que  hayamos conocido.

Partió con la esperanza de que en un futuro, ningún niño o niña vuelvan a enfermar de cáncer, es más, que sea una palabra que ya no exista, que se olvide para siempre.

Nunca nada lo venció.

A sus casi 10 años de edad, nos dejó la más grande lección de vida: todos los sueños pueden cumplirse, no importan los obstáculos, sólo basta un poco de imaginación.

En los días claros y en noches de luna, me es fácil ver los cúmulos, cirros y cirroestratos, transformarse en colosales y blancas ballenas, en seres mitológicos y en toda clase de criaturas fantásticas.

Quiero creer que es el ejército de Jonás, el superhéroe, que lucha contra las tempestades, que navega por constelaciones lejanas y busca donde descansar de sus aventuras entre la suavidad del algodón en las nubes bajas.

Que conoció al Jonás del Antiguo Testamento y le contó personalmente su propia experiencia con la ballena.

De lo que si estoy seguro, es que cuida todos los días a sus padres y su pequeña hermana, desde un lugar cálido, donde no se conoce el dolor, ni las enfermedades sólo los más grandes sueños.

Descansa en paz amigo, que tengas el mejor de los viajes.

 

 

 

 

 

 

Articulo Anterior