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Día internacional de la Tolerancia

 

Por: MD y Lic. Ángel R. Camacho Martínez

 

“La tolerancia es un acto de humanidad, que debemos alimentar y practicar cada día en nuestra propia vida, a fin de celebrar la diversidad que nos hace fuertes y los valores que nos unen”. Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO.

La tolerancia es un valor moral que implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas, prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras.

Con la finalidad de fomentarla como una vía para la paz; en 1995, la UNESCO declaró que el 16 de noviembre de todos los años sería considerado el Día Internacional de la Tolerancia. Ello con el fin de recordarles a las personas lo importante que es este valor. Para este organismo, buena parte de las guerras, los atentados y la discriminación que observamos en el mundo tienen que ver con la ignorancia y el miedo. Frente a ello, nada mejor que la educación y el conocimiento de otras culturas, otras religiones, otras naciones, etc.

La Declaración afirma, entre otras cosas, que la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.

La Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados. Sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos, elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.

La injusticia, la violencia, la discriminación y la marginalización son formas comunes de intolerancia. La educación es un elemento clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar a los jóvenes a desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino una riqueza valorada por todos.

México se caracteriza por ser un país multicultural en el que el origen étnico, el color de la piel, la edad, el género, la preferencia sexual, el aspecto físico, la condición social y económica varían dentro de los propios miembros de una familia. Sin embargo, estas diferencias en lugar de sólo enriquecer —social y culturalmente— al país, también han fomentado prácticas como la intolerancia, la discriminación y el racismo.

Tal vez, los mexicanos no se percaten de la intolerancia y discriminación de la que son víctimas y victimarios, sin embargo en un estudio llevado a cabo por el Grupo Parametría se revela que la riqueza, las preferencias políticas, la educación, la sexualidad, la religión y el origen étnico son los factores que más dividen a la sociedad exacerbando las diferencias, la intolerancia y la discriminación entre los mexicanos

Por la anterior la lucha contra la intolerancia exige un marco legal, en el cual los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías; de igual forma la lucha contra la intolerancia exige educación e información que fomente los valores y el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos sin distingos.

Luchar contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual; los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Ante una escalada de intolerancia, los gobiernos o las instituciones no pueden actuar solos. Todos formamos parte de la solución y tenemos una enorme fuerza a la hora de enfrentarnos a la intolerancia. La no-violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia o desacreditar la propaganda fomentada por el odio.

“La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.” (28° Reunión de la Conferencia General de Naciones Unidas).

 

 

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