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Las dos caras del cáncer de mama

 

Por Lucía Zambrano

Sin duda alguna, cada historia de CA de mama es única, todas las experiencias seguramente son enriquecedoras y de mucho aprendizaje para vivir más plenamente y sentir realmente la oportunidad y el agradecimiento por estar vivos. Ver de frente una enfermedad de este tipo nos hace ser mejores personas y nos hace reflexionar sobre nuestro sitio en la vida. Porque el CA de mama no sólo afecta a quien lo padece, sino también a los seres queridos que rodean al paciente. Todos, de alguna manera, hemos visto algunas caras del cáncer.

La primera vez que vi de frente al cáncer de mama fue cuando mi madre, a sus sesenta y dos años, era diagnosticada con esta enfermedad después de ella haberse palpado una “bolita” en el seno derecho y posteriormente hacerle una biopsia. Hace dieciséis años de ese diagnóstico y aún recuerdo perfectamente la escena en la que ella ingresaba al quirófano para que le hicieran la mastectomía y que lejos de que fuera yo quien le diera ánimos, ella era quien me alentaba a mí a ser fuerte y me garantizaba que ella sobreviviría porque aún la necesitábamos mis hijos y yo. Así fue. Sobrevivió a la mastectomía, a las quimioterapias y al tratamiento para el cáncer; se quedó peloncita, débil y sin fuerza, pero con férrea voluntad salió airosa para seguir dándonos su amor y cuidados por algún tiempo más.  Para nuestra mala fortuna, el cáncer hizo metástasis cuatro años después en el hígado, posteriormente en los huesos y para terminar, se fue al cerebro. Mi madre murió a los 67 años por el cáncer de mama. Mi madre no se había hecho una mastografía en los últimos ocho años previos al diagnóstico, quizá si hubiese sido detectado antes, su cáncer habría sido curado. Quizá. Hoy sólo sé que me ha heredado esa posibilidad y me hago mis estudios cada año, desde que tengo cuarenta. No quisiera que mis hijos pasaran el mismo dolor que yo he pasado al no tener a mi madre y necesitarla tanto.

La siguiente vez que el cáncer de mama se manifestó de cerca en mi vida fue recién  hace un año, cuando mi amiga de la infancia, con la que nos vemos al menos cada año para estar juntas y conversar y hacer catarsis, nos contó que una mañana, de repente, se levantó y vio en el espejo el pezón del pecho derecho contraído, hacia adentro, al siguiente día se percibían lesiones aparentes en la mama; evidentemente, el diagnóstico no era más que CA de mama. Su vida cambió totalmente a partir de ese momento, su mundo se convirtió en saber y conocer todo lo referente a lo que estaba padeciendo, pensó en sus hijos, en su pequeña familia que dependía sólo de ella y que no podía llegar una noticia así en este momento en el que sus hijos son tan pequeños y la necesitan tanto. Esta vorágine le llegó casi el día en el que ella estaba cumpliendo cuarenta y ocho años. A partir de entonces ella se ha sometido a dieciséis quimioterapias, quince sesiones de radioterapia y tratamiento de hormonoterapia, por supuesto, le quitaron la mama y en breve le colocarán el implante en su lugar. El enfrentar esta enfermedad para ella ha sido muy doloroso, no sólo en el plano de lo físico, sino también en el emocional. Verse afectada por este padecimiento seguramente le ha hecho valorar el tiempo que pasa con sus hijos, con sus seres queridos, a reflexionar sobre sus pensamientos y actitudes, sobre llevar esta enfermedad requiere de gran temple y carácter para no dejarse vencer por el desánimo y el dolor . Es todo un trabajo mental, emocional y físico.

Ella lucha cada día por llevar una vida normal a lado de sus dos pequeños hijos, se procura una vida plena y con una adecuada alimentación. Nosotras, sus amigas que la queremos mucho, procuramos estar cerca en la distancia, nos hablamos y si se puede, nos vemos. Ya contamos los días con ansias en los que ella pueda nuevamente hacer su vida normal. No podemos hacer otra cosa más que solidarizarnos y hacer oración para que la batalla sea ganada. Su actitud, su entereza, su dinamismo, y por supuesto, la atención médica han sido factores claves para que la cara de este cáncer sea opuesta a la de mi madre. Sé que mi amiga ha librado la batalla y sé también que todas lo hacemos cada vez que nos revisamos y cuidamos de nuestro cuerpo. Un día a la vez. Eso es todo.

Pero ¿de qué manera afecta el CA de mama en la familia? Sin duda trastoca a todos los integrantes, las madres son el pilar de la familia, alrededor de ellas se edifican las relaciones intrafamiliares. Si la madre falta, todo cambia.

Las caras del cáncer son muchas, la mejor es cuando se puede detectar a tiempo y podemos actuar para evitar metástasis de las células malignas en el resto del cuerpo. La mejor manera de cuidarnos es haciéndonos la mastografía cada año y observar nuestro cuerpo en todo momento. La prevención será, por mucho, la mejor arma en contra del CA de mama. Porque me quiero, me cuido y porque te quiero, también me cuido.

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