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El oficio de ser “papá”.

A sus casi 78 años, mi padre ha caminado bastante, nunca suficiente. A los 27 años de edad eligió el oficio de ser “papá” y hasta hoy, cincuenta y un años después, sigue atento a cada uno de sus vástagos.

Es un hombre imparable, incansable, dinámico, audaz, impaciente, sensible, amoroso, generoso, sociable, temerario, amante de la vida y de la aventura. Siempre está haciendo algo, nunca está quieto. Cuando no está en la calle y se queda en casa escribe todo el día, lee, juega con los perros, arregla el jardín, descompone para luego componer, inventa qué hacer, no le gusta estar quieto. Cada mañana comienza su día contento, se despierta agradecido con lo que tiene y le pone empeño a todo lo que hace, comienza su tarea, ¿cuál? La que sea, la inventa si no hay tal.

Es un hombre complejo, padece diabetes desde hace más de veinte años, pero eso no lo limita, hace ejercicio y controla lo que come (a veces) y aunque con la edad se han exacerbado su impaciencia y su tozudez y no es fácil convivir con él, sin embargo, estar con él es muy divertido, te cuenta chistes y continuamente bromea con las palabras, juega con sus posibles interpretaciones y es  sagaz con los significados. Él es capaz de llorar a moco tendido ante una película de amor o ante un atardecer, o ante un relato conmovedor, y capaz de reír como niño hasta las lágrimas cuando juega con los pequeños.

He crecido con su apoyo, con su amor, con su presencia a veces fantasmal y otras veces a la sombra de mi madre pero siempre ahí, constante. Ha sido y ha hecho la tarea de “papá”.

Hoy, en la distancia, lo extraño más que nunca, pero sé que está ahí siempre para decirme “Sí, Chulita”, “Te quiero, Chulita”. Cada vez que visita a sus hijos (uno en CdMX, otro en Guadalajara y yo, en Cd Victoria), carga con cajas y cajas de comida chiapaneca que atraviesan todo el país para que sus hijos nos llevemos a la boca un pedazo del terruño que está tan lejos.

Ser “papá” seguramente no es una tarea fácil, sobre todo porque se tiene la competencia de la madre y ésa, sí que es una presencia fuerte. Ser padre es una labor de voluntad, es una tarea de decisión, es tomar al toro por los cuernos y decir “Aquí estoy, yo también puedo lidiar con los hijos”. Ser padre es atreverse, es no pedir permiso para actuar, es hacer y ser ejemplo de ternura, de amor, de compromiso, de responsabilidad.

A los hijos no nos queda bien juzgar a los padres, a los hijos sólo nos corresponde amarlos, como sean, al final debemos agradecerles por habernos dado lo más valioso: la vida.

Ya vendrá un agente viajero a cobrarnos y ese agente hará entonces la labor de “hijo”, y seremos padres y veremos si nosotros supimos tomar la sartén por el mango y decidir hacer la tarea. Mientras tanto, disfrutemos la compañía de “papá” si lo tenemos cerca, y siempre amemos y valoremos a nuestros padres, donde quiera que estén.

¡Feliz día del padre!

Irma Lucía Zambrano Martínez.

Hijo

Si quieres amarme bien puedes hacerlo,

tu cariño es oro que jamás desdeño.

Mas quiero que sepas que nada me debes,

soy ahora tu padre, tengo los deberes.

Nunca en las angustias por verte contento,

he trazado signos de tanto por ciento.

 

Ahora pequeño, quisiera orientarte,

mi agente viajero llegará a cobrarte,

será un hijo tuyo, gota de tu sangre;

presentará un cheque de cien mil afanes.

 

Y entonces, mi niño, como un hombre honrado,

a tu propio hijo deberás pagarle.

 

Rudyard Kipling

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